Mar. Dic 7th, 2021

Fue hasta las 7 de la noche con 41 minutos cuando el juez terminó de justificar su resolución y le dio la palabra a la exjefa de Gobierno quien, con un tono contenido y por momentos entrecortado, dijo que no era justo

El reloj de la sala de audiencias del Reclusorio Sur marcaba exactamente las 7 de la noche con nueve minutos cuando el juez Ganther Villar Ceballos pronunció su decisión: “Prevalece un alto o elevado riesgo de sustracción… no hay otra medida cautelar que garantice su presencia en la continuación del procedimiento como la prisión preventiva”.

Las palabras del juez sorprendieron a Rosario Robles quien, con el cabello lacio y teñido de negro, un cubrebocas de color rosa y una chamarra de color caqui –como exige el uniforme de las presas de Santa Martha– interrumpió las anotaciones que hacia en su cuaderno y volteó a ver a su abogado, Epigmenio Mendieta.

Y es que apenas unos segundos antes, el mismo juez había reconocido que buena parte de los argumentos con los cuales se le dejó presa desde 2019 ya estaban desvirtuados: no había mentido en su dirección, no había certeza de que ella había tramitado una licencia de conducir falsa como sostuvo la FGR, y no tenia riquezas ocultas. Ello sumado a que se había presentado voluntariamente a las audiencias.

Sin embargo, con un tono sereno y los brazos cruzados, Villar Ceballos le dijo a Robles que pese a todo era necesario que siguiera presa y que no era posible enviarla a un arraigo domiciliario o ponerle un brazalete. Ello, ya que “su conducta” frente al proceso no había sido la adecuada.

¿La razones según el juez? Que en aquella audiencia inicial de agosto de 2019, su entonces abogado había mentido en dos ocasiones: al asegurar que ella había viajado a un curso cuando en realidad se fue de vacaciones, y al sostener que no habían recibido un oficio de parte de la FGR que sí se les entregó. Y además, que Robles no había señalado dos departamentos en los que vivió en el pasado.

“Es un tema de conducta procesal, es lo que se asume y se dice frente al juez cuando se debate una medida cautelar y la confianza que debe existir… yo no dudo de donde vive o de su asiento familiar, pero sí de su conducta procesal”, dijo el juez.

Robles no lo podía creer. Sosteniendo las copias de tres resoluciones que jueces y magistrados le habían concedido confirmando que sus derechos se habían violado intentó tomar la palabra, pero Villar Ceballos no se lo permitió hasta que concluyera su exposición.

Fue hasta las 7 de la noche con 41 minutos cuando el juez terminó de justificar su resolución y le dio la palabra a la exjefa de Gobierno quien, con un tono contenido y por momentos entrecortado, dijo que no era justo que se le responsabilizara por dichos de un abogado que ya no la representaba, o por no haber sido precisa en los motivos de un viaje que hizo cuando no sabía siquiera que iba a ser citada.

“Pero yo me regresé cuando me citaron. Suspendí ese viaje y volví. Si yo me hubiera querido sustraer de la justicia me hubiera quedado en el extranjero (…) Pero parece que lo que está bien es ser prófugo. Lo que está bien es ser delincuente confeso. Lo que está bien es tener cuentas millonarias… Lo malo es que una no se apellide Lozoya” señaló la exfuncionaria.

Los fiscales de la FGR intentaron interrumpir a Robles tras las claras referencias a Emilio Lozoya, pero el juez no se los permitió. Les dijo que era derecho “de la señora” expresar lo que quisiera. Cuando la exfuncionaria concluyó el juez Villar Ceballos tomó por última vez la palabra para desmarcarse del hecho de que, hasta el día de hoy, el exdirector de Pemex siga libre:

“Yo no puedo responder por temas que no conozco. El tema de si hay otras personas en libertad no ha dependido de mí. Yo he tratado de ser congruente con mi actuación”.

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